Tres arcos del Alcázar de Sevilla.
antiguos alcázares, frente á la sala principal ó Algorfía que luego fué de Embajadores; y porque las salas con alhamies que hay á un lado y otro del paralelógramo de este patio son habitaciones moriscas exclusivamente, aunque modificadas hoy con techos del renacimiento ó con groseras imitaciones pintadas, en lugar de los plafones caídos, donde se ostentan escudos, orlas y motes de los Reyes Católicos, del Emperador y cúficos del rey D. Pedro.
En algunos frontales de los patios y cuartos interiores, hay una labor enteramente igual á la que guarnece las pinturas de los tres techos de la Sala de Justicia en la Alhambra, y apuntamos este dato como recuerdo de las controversias sobre el origen de estas raras pinturas mahometanas.
Los techos de los cenadores son de un amedinado hermoso, trazado sobre el lugar con exacta combinación, trabajo en el cual sobresalieron los árabes; y los pavimentos se hallan formados de mármoles blancos, limpios y lucientes, alternando con otros de azulejos que han ido desapareciendo reemplazados con poco tino y mala colocación.
Es necesario pararse á contemplar por última vez esos arcos, que no se ven más que aquí, en la portada, en la Casa de Pilatos y en los edificios del siglo VIII en Oriente, poco constructivos, de curva arbitraria, sin apoyos ni sostenes. Apenas se explicarían si no fuesen decoraciones colgadas y sujetas como tapicerías á los muros, que ni se ven ni se adivinan en los intercolumnios. Forma extraña que es elegante á causa de los lóbulos, de la ojiva y de los arranques de herradura que poseen, cuyos tres elementos normalizaron más tarde los arcos de la Alhambra, de Fez, Túnez y Cairo, con su actual apariencia de centros divergentes.
El segundo cuerpo ó galería añadida á la antigua construcción es aditamento de poca importancia; pero hermoso patio si se atiende á todas las modificaciones de su estilo, y cuyos zócalos ostentan preciosos alicatados de una admirable delicadeza. Marcadas puertas en sus frentes conducen al Salón de Carlos V, de Embajadores y á los del Caracol ó de Doña María de Padilla; tienen ensamblados cortados en polígonos que las cubren por ambas caras, cuyo hermoso trabajo lo han restaurado con plastones groseros de estuco torpemente pintados.
La de Embajadores, sala cuadrada de solemne aspecto, con cuatro frentes compuestos de arcos elevados que cobijan ajimeces montados sobre columnas delgadas, y cuyos pequeños arcos tienen más de medio círculo sin la forma característica de la herradura, curvatura de transición descendente. Los capiteles degenerados del greco romano; pero el gran arco decorativo de ajaracas, aunque de curva árabe, carece de los dos cuadrados de altura desde el suelo de la tarbea, perdiendo en ello galanura y elegancia. Los espacios triángulos ó enjutas no son originales; su labor está interrumpida lo mismo que los paños interiores de su frente ó arrabá, donde se abren celosías como escapadas del tímpano del ajimez. Un ancho friso de fingidas ventanas ó claraboyas se halla hermosamente tendido encima, y todavía más alto, una geométrica faja de almocárabes; después los añadidos arquitrabes y sostenes sobre que descansa la techumbre. Los basamentos de alicatados, las puertas de ensambladuras y toda la decoración lujosamente iluminada por los colores y el oro se prodigan hasta la exageración. Abiertos los balcones á manera de tribunas sobre los arabescos, son con sus cartelas de águilas chapeadas, baldón eterno del que mandó colocarlos. Lo mismo podemos decir que los retratos en cuadritos góticos hechos bajo la hornacina de colgantes son extraños en este lugar, y los dorados puestos sin el fino ornato de azules, escarlatas y negros que siempre adelgaza estas boveditas cuando son hechas por árabes. La cúpula esférica de alfardas alicatadas formando estrellas de polígonos simétricos, pudo fabricarse para poner en ella vidrios de colores trasparentes á una luz más alta; pero que ha venido á ser hoy decorada con pequeños espejitos de mezquino efecto. Los mosáicos han sido restaurados con piezas más grandes que las antiguas, y las columnas de jaspe parecen románicas, nunca árabes, como otras muchas de templos ó basílicas de decadencia, así como los capiteles poco uniformes é impropios de la columna parecen obras mozárabes como otras muchas de las mezquitas sarracenas.
No es aquí el tipo de las inscripciones africanas tan bello ni tan puro como el del Cuarto de Comareh de Granada, pero en cambio el carácter clásico del cúfico es en este alcázar más uniforme y sencillo. Las labores de hojas, piñas, palmas y conchas se enlazan á las cintas y perfiles geométricos, adorno que no se ve después del siglo XIII; y las ventanitas cuadrilongas sobre las puertas, y los cornisones é impostas románicas, y los recortes góticos, y los escudos de labores interrumpidas nos presentan este palacio como la obra de muchas generaciones que carecían de la conciencia del arte.
El patio de las Muñecas, cuya forma parece más selecta y á la cual han dado en llamar granadina, es un cuadrilongo con un cenador abierto de arcos grandes y pequeños con buena simetría. Su ornamentación es efectivamente de la aventajada época del arte muslímico; el repartimiento más armónico, las curvas de los arcos aperaltadas y esbeltas como las del patio de los Arrayanes de la Alhambra; los pilares cúbicos sobre los cimacios de los capiteles y las alturas de las columnas, son casi iguales á las de los arcos con sus cornisas; y si los antepechos del segundo cuerpo fueran celosías de madera y no hubieran cambiado de posición las formas romboidales y los polígonos en las últimas restauraciones, este patio sería un ejemplar perfecto del último período del árabe floreciente. Muchas inscripciones tiene colocadas á la inversa.
Hay después una porción de salas cuadradas en cuyos adornos se hallan mezclados detalles de pura fantasía, enlazados con cresterías góticas y ornatos de puro renacimiento. Digna de notarse en todo el edificio es esa trasformación constante de formas las más abigarradas, representando la historia del trabajo humano en periodos caracterizados por influencias extrañas y respetables.