En la reparación de las almatrayas de sus paredes, hacia 1829, trastornaron algunas inscripciones de los cuadros de las puertas grandes, cortándolas por medio para colocarlas de nuevo, lo cual tenemos proyectado corregir con otros accesorios de la misma época.
La tradición, que cuando no se remonta á épocas muy lejanas, suele revelar mejor que ciertos documentos la realidad de los hechos que se buscan, en ninguna parte como en la Alhambra nos ha ayudado muchas veces á descubrir testimonios de acontecimientos, que despreciaron como patrañas los historiadores más notables.
Cuenta ésta, que la mayor parte de las escenas que desde Muley-Hacen aceleraron la destrucción del reino de Granada, ocurrieron en este patio y muy cerca de la puerta hoy restaurada que da paso á los subterráneos del palacio de Carlos V. Que el titulado monarca el Zagal se lamentaba, á la vista del estanque, sentado bajo la citada galería y rodeado de sus mujeres, de las desdichas que habían de sobrevenir á los muslimes y se refería en sus quejas, á poesías atribuídas á los últimos reyes, las cuales se recitaban en este mismo paraje[88] por una esclava nombrada Marian.
Sin duda la puerta citada daba paso á un edificio que ya no existe, pero cuyos vestigios lo atestiguan. El dorso del muro demuestra que había una construcción de tres cuerpos de alzada, sin semejante en ningún otro sitio del Alcázar, y en extensión á lo menos de 30 metros de largo por 15 de ancho en su parte media, y que contenía aposentos propios para las más escondidas habitaciones, en las cuales vivían los reyes con más comodidad durante el invierno que la que podía ofrecerles el resto del Alcázar. De aquí procede que aquellas tradiciones sostengan desde el fin del siglo XVI la existencia de dicho palacio de invierno, y que á las últimas escenas en la morada de Boabdil y de las referidas canciones se les haya asignado este sitio poético.
Por otro lado sabemos que un tal Juan de la Vega, el año 1524, contrató el derribo de la parte quemada del palacio, junto á la entrada, incendio atribuído á los soldados[89], y por consiguiente antes de la fecha en que se principió el palacio del emperador; lo cual prueba que existía esa parte de palacio destinada á invierno, según los relatos de los moriscos, quedando á salvo la responsabilidad grave que pesaba sobre los primeros artistas encargados de levantar la obra moderna, los cuales probaron en diversas ocasiones el aprecio que les merecía la Casa Real vieja, como llamaban al palacio árabe, conservándole su carácter, según consta de los contratos y condiciones de aquellas obras. Nosotros hemos visto además, reconociendo los cimientos del palacio del emperador, restos de un muro que hace línea con el foso de la Sala de Abencerrajes, el cual continúa hasta cerca de un pequeño aljibe antiguo colocado en el patio redondo. Desde dicho muro hacia la mencionada casa vieja, el terreno está cortado y lleno de escombros hasta llegar al nivel del Patio del Estanque.
Sala de Embajadores.
Sala de Embajadores y vestíbulo de la Barca.
Es la más espaciosa de la Alhambra, y la que ha sido más celebrada por sus tradiciones. Hay en ella cierta grandeza en la que parece como que los árabes se excedieron á sí mismos, dándole la magnitud de los edificios romanos y la elevación de los góticos. Quizá á todo rigor no haya en su conjunto más belleza que la que notamos en las de las Dos Hermanas y de Abencerrajes, no obstante poseer una esplendidez decorativa, un atrevimiento de construcción en el artesonado y una distribución de líneas tan bien ordenada, que difícilmente se encuentra en aquellas, donde si se quiere, la ornamentación es más fantástica y risueña.
Por un arco de colgantes formados de dos festones casi rectos que se cruzan en la clave, entramos en una pieza trasversal de forma elegante, cuyas dos extremidades terminan en mexuares facheados con hermosísimos arcos de atarjas y hornacinas, apeados sobre cartelas ó ménsulas que á su vez lo están en graciosas columnas apilastradas con filetes de jáiras. Este arco de ingreso parece más propio del género bizantino en el ornato de sus enjutas, compuesto de ramas de encina, y piñas dibujadas á la usanza griega como las de los adornos germánicos del siglo XI. Observando estas enjutas con cuidado, se hallará que no tienen semejanza con las del arco grande de los claustros del patio ni con otras de la Alhambra, á no ser con las de las puertas más antiguas del palacio, que son del mismo género. Las impostas, entre letreros cúficos y columnitas, ostentan mejor el estilo primitivo, y es difícil darse razón de la causa de este accidente. Bajo las citadas impostas ó arranques hay dos hanias ó pequeñas takas que los árabes colocaban siempre á la entrada de las habitaciones y también á uno y otro lado de los claros de ventanas y menazires; son de piedra de Macael bastante trasparente, y están guarnecidas de inscripciones que dicen haberse hecho esta obra en tiempo del fundador de la dinastía Abu Abdil-lah Mohamad, primer descendiente de los nazaritas; y como están talladas en la piedra, no es fácil que hayan sido cambiadas como al parecer se ha hecho con otras labradas en el estuco. He aquí la traducción: