En tiempo del mismo Hernando de Baeza[114] se llamaba á este cuarto Sala de la Sangre, y pocos años después de la reconquista contaban los moriscos que los Abencerrajes, en número de 17, cuando iban por un pasadizo oscuro que hay hoy tapiado, una esclava que estaba asomada á la ventanita sobre la puerta del otro lado, les avisó que se volvieran y no penetrasen adelante en el sitio donde iban á ser degollados. Todavía se cree que están manchados los mármoles con la sangre de las víctimas[115].
Es esta Saha una de las más elegantes del palacio, alzándose en tres cuerpos perfectamente proporcionados é iluminándose por diez y seis ventanas caladas en los arranques de la hermosa bóveda de figura de estrella, las cuales derraman una luz dulce y tranquila. Las alcobas que espaciosas se abren á sus dos costados por medio de cuatro hermosos arcos llenos de adornos azules y escarlatas, parece como que esperan los dos lujosos divanes que han desaparecido, donde las mujeres pasaban horas eternas de amorosa contemplación. Una fuente, que incansable bullía hasta perder sus aguas en el patio inmediato; el rico brocado en brillante relieve de su comarraxia; los caprichosos pebeteros[116] y sus bazares en elegantes hánias, todo lo que falta en ella y lo que con tanto encanto se mira hoy, daría á esta estancia un especial colorido de seductora tristeza.
Las restauraciones del siglo XVI la dotaron de pintados del Renacimiento en los techos de las alcobas y de algunos relieves en el primer cuerpo, que se atribuyen al célebre Alonso Berruguete, sin dato alguno. Los azulejos árabes desaparecieron á fin del siglo pasado, y á principios del presente se volvió á restablecer este ornato con los que se compraron del convento de la Cartuja, los cuales pertenecen al tiempo del emperador Carlos V.
Se ha dicho que, á consecuencia de hundimientos causados por el incendio del polvorín, esta sala fué reconstruída casi totalmente en el siglo XVII, y esto no parece cierto porque sus muros son antiguos, sus labores moriscas en las nueve décimas partes, y los arcos, que siempre son los primeros detalles que padecen, se hallan perfectamente libres de restauración[117].
Debemos citar con particular encomio el ornato de las enjutas de la puerta de entrada como el más hermoso del estilo árabe, las archivoltas de los grandes y pareados que hay en el interior para entrar en sus alhamíes y los delicados axarques hechos con azul en los abacos y collarinos de los capiteles.
La forma de la cúpula es una estrella de ocho puntas, en cuyos ángulos externos hay hornacinas que llenan los ocho triángulos encajados por medio de otras cuatro más grandes en el cuadrado de la planta de la sala. Por este medio se nota mirando hacia arriba que disposición tan puramente geométrica ha servido para labrarla, y cómo hasta el más menudo triángulo prismático de sus bóvedas está en perfecta consonancia con las dimensiones totales, cuyo misterio de composición, hallado al repetir tan complicadas trazerías, no se reveló á ninguno de los artistas que publicaron antes los dibujos de la Alhambra.
El pasadizo que se cruza al penetrar en esta sala conduce por la derecha á un corredor oscuro que terminaba en el vestíbulo del patio, por donde pudieron entrar los Abencerrajes; aquí hay una escalera y un aljibe bastante grande, que debió servir para el surtido de las aguas del Alcázar, y encima un patio ruinoso con claustro y salitas, semejante en su planta á otros muchos que se ven en Granada. No ha penetrado ninguna restauración en este sitio, y por consiguiente, fuertes capas de cal y yeso cubren la mayor parte de sus labores y letreros; tres arcos dan entrada á otra salita, también horriblemente embadurnada, desde la cual se pasaba por una puerta convertida hoy en ventana á otras habitaciones que fueron destruídas para hacer el Palacio del emperador, todo lo cual se ve bien claro por la continuidad que en este lado ofrecen los muros. Desde este pequeñito palacio, que bien puede así llamarse, pasamos á uno de los miradores del Patio de los Leones y á las galerías que eran habitaciones de mujeres; y todos estos cuartos con el patio adjunto inducen á creer que aquí existía otra puerta de los alcázares para comunicarse quizá con la Gran Mezquita.
La Ráuda.
Nombre que significa verjel y cementerio de magnates, cuyo edificio ocupaba antes un vasto jardín, extendiéndose por el Patio de los Naranjos hasta la torre del Mihráb. En este espacio había algunos edificios aislados, cuyos cimientos hemos visto con motivo de la obra que se hizo en el patio, y que eran de época anterior al tiempo de Mohamad V.
Al contemplar los ruinosos edificios que llevan el nombre de Ráuda, choca el género de su arquitectura y la disposición de compartimentos apenas relacionados con la Sala de los Abencerrajes; y causa más sorpresa encontrar sus techumbres cambiando las formas exteriores y produciendo tal confusión, que no se distingue la obra antigua, ni la que puede atribuirse al siglo XVI, ni cuál es el destino de esta torre que, á manera de las tumbas de los kalifas en Cairo, se alza aquí á respetable altura. Su planta cuadrada, en cuyos lados hay cuatro hermosos arcos de herradura de bellísimas proporciones; sus dilatados paramentos con pintadas labores de ladrillos ó almadrabas; su cúpula en forma de concha agallonada á semejanza de la Kiblah de Córdoba y pintada de las mismas sofeisifas, con algunos adornitos rojos en las enjutas; la alta mikkah por donde recibía la luz, y el aislamiento de este alminar sin muros adyacentes que lo subordinen á otras obras, nos obliga á suponerle edificio tan antiguo al menos como las Isnas de la alcazaba Alhamrra.