Lo que más comunmente se había usado por blasón en tiempo del kalifato, fué una llave azul en campo de plata; pero este signo fué también de los monarcas granadinos, los cuales no habían abierto con la llave las puertas de la Península. ¿Cómo, pues, se cambia el blasón en el caso presente, y la llave continúa poniéndose en las claves de los arcos de los castillos y alcázares?

Sobre todas las pruebas irrefutables de que los citados retratos no eran de reyes, existe la de que el traje no es encarnado, como indubitadamente lo usaron los nazaritas, cuyo color solo lo cambiaban en el caso de luto, que lo usaban negro como los cristianos. Y resulta que el traje de Boabdil era encarnado en la batalla de Lucena[125], y que siguiendo la costumbre de los trajes rojos en los monarcas granadinos, se sabe por la historia de la rebelión de los moriscos que Aben-Humeya fué investido con las insignias reales, colocándole traje encarnado; y el mismo Ibn-Jaldun refiere que en Málaga y en Baza se hacían trajes de este color, con las figuras de reyes pintadas en el pectoral, á semejanza de los de Siria; y no habiendo, por consiguiente, entre las figuras aquí representadas más de una que tenga el traje escarlata, aunque se quisiera suponer que éste fuera el único retrato de rey, es para nosotros dudoso, porque según Al-Makkari, los reyes granadinos no llevaban turbantes ó imamas, y todas estas figuras lo llevan sin excepción, mientras que, dice este autor terminantemente, que éstos eran llevados sólo por los ulemas y otros doctores de la ley en todos los casos; tales relatos acaban de resolver la cuestión.

Por último, en un escudo que lleva al brazo uno de los caballeros de las otras pinturas, se nota un signo heráldico de tres palomas blancas en campo rojo, que pertenece á la familia de los Acejas, según el autor de la Historia de Galicia[126] cuyo emblema no debe confundirse con el escudo de los Huete que usaban la paloma blanca en campo azul. Por lo tanto, el episodio hay que buscarlo en los antecedentes nobiliarios de aquella casa, y bien podrá hallarse una vez planteado el problema que dejamos expuesto, al señalar la familia que tales empresas sostuvo con los moros andaluces.

Y para concluir, citaremos un extracto de Ibn-Jaldun, publicado por el Instituto imperial de Francia[127], el cual prueba que los cristianos de Castilla y León se llamaban gallegos, por los árabes, razón por la cual se busca en la historia de Galicia el nobiliario de los Acejas, cuyo escudo se ve en estos cuadros, como cristianos que vivían fronterizos al andaluz; además los árabes imitaban á dichos gallegos, llegando á pintar imágenes y simulacros, atamadil, en el exterior de los muros y dentro de los edificios. Y sobre todo, el citado autor[128], que censuraba estas imitaciones en los árabes, nos habría dicho que eran obras de cristianos renegados ó de extranjeros, lo cual no hizo; antes bien, lo criticó en el pueblo muslímico, como resultado del predominio cristiano que ya se sentía por todas partes.

Sala de las Dos Hermanas.

Pasando por una hermosa puerta de lacería y talla, entramos en un aposento cuya galanura no podríamos describir mejor que lo hicieron los árabes en los veinticuatro versos grabados sobre su hermoso zócalo de azulejos.

Á un lado y otro, antes de pisar los umbrales marmóreos de esta sala, se halla un estrecho corredor ó pasadizo, que subía á los aposentos altos y menacires tomando á la derecha, y por la izquierda á un pequeño megle ó cuartito reservado, de uso particular. La puerta de arrocabes cierra la salida al patio dejando dentro de la habitación completa independencia, como se observa también en las otras salas recorridas, pudiendo de este modo ser visitados los patios sin comunicación con los cuartos del harem.

Leamos las inscripciones para comprender mejor la belleza incomparable de la estancia:

«Yo soy el jardín que aparece por la mañana ornado de belleza; contempla atentamente mi hermosura y hallarás explicada mi condición».

«En esplendor compito, á causa de mi señor el príncipe Mohamad, con lo más noble de todo lo pasado y venidero».