«Paga doblemente y al contado la suma que el cadí de la belleza le ha señalado».
«Pues está llena la mano del céfiro desde la mañana de dirhames de luz, que contienen lo suficiente para el pago».
«Y llenan el recinto del jardín en torno de sus ramas los adinares del sol, dejándole engalanado».
Las demás inscripciones citan el nombre de Abu Abdillah y otras son versículos koránicos y salutaciones de las acostumbradas.
Todos los cuartos de esta sala eran aposentos de mujeres distinguidas que vivían con independencia dentro del mismo harem, y de aquí el que haya existido la tradición de que dos hermanas cautivas lo habitaron, las cuales murieron de celos, contemplando desde la ventana del alhamí las escenas amorosas en el jardín de las Damas; la puerta del alhamí de la izquierda, descubierta por nosotros en 1870, era la que comunicaba secretamente con los cuartos del sultán y los baños.
Son notables en esta sala, y del género más puro, los alicatados ó azulejos del basamento, de difícil combinación y complicados en su dibujo, sorprendiendo sobremanera la tersura del barniz y la planicie de cada pedacito de color diferente, porque sabido es cuánta dificultad ofrece fabricar esta loza con esas condiciones[130]. Hemos examinado el modo de labrarlos y hallamos que cada uno se ha trabajado con cincel y lima hasta incrustarlo con la perfección que se nota.
La bóveda es la más dilatada que hay de colgantes, cuya atrevida construcción espanta y no puede debidamente calcularse, más que suponiendo que pende de un esqueleto de madera afianzado en sus estribos.
Don Diego del Arco restauró esta sala en 1705[131], y todavía se nota la obra en aquellos sitios donde no hay colores antiguos. En 1691 se repararon los mosáicos en los alfeizares de las puertas. En 1622 hubo un ligero hundimiento en dos de las hornacinas del segundo cuerpo decorativo, que fué restaurado inmediatamente, reponiendo algunos puentes de madera de la construcción interior. Este departamento se conserva mejor que otros muchos, siendo fácil hallar en él vestigios de los primeros colores con que fué pintado y de la delicadeza de los trazos; pero lo que más llama la atención es que todo el ornato se ajusta como en ninguna otra parte á su construcción; nada puede en él quitarse y nada reemplazarse sin que se destruya la unidad de su composición, tan admirablemente distribuída. Por la traza geométrica de sus amedinados no puede ser ni más grande ni más pequeña, todo está encajado como en un tablero de ajedrez, y para hacerla hubo que imaginar, al mismo tiempo que el conjunto, sus más pequeños detalles, lo cual no es de rigor en los demás géneros de arquitectura, donde siempre hay algo que se deja á lo imprevisto. Se atribuye á Aben Zemcid la dirección de esta obra.
Mirador de Lindaraxa.
Se pasa una antesala que tiene una hermosa bóveda de admirable combinación y se entra en este pequeño aposento que se llamaba de Daraxa en 1622, y desde cuya fecha hallamos documentos con el nombre moderno. En árabe indica lugar para entrar ó ascender; pero los poetas, desde el siglo XVII en adelante, suponen que era el nombre de una sultana favorita que pasaba sus días en este delicioso cuarto, lo cual es una tradición que tiene por fundamento el nombre de la sultana Aixa, llevado por muchas reinas, de las cuales sería éste un lugar predilecto[132].