—Sí, es verdad... ¿y qué?

—¿Y qué? ¡Pues qué quiere decir cristiano!

—Cierto que todas las tardes paseamos en el jardín; pero no solos, como usted dice, Luisa. Don Carlos y doña Gabriela van detrás de nosotros, y Pepillo nos hace compañía....—Sí, Pepillo; como quien dice: el «bufón del Rey...» ¿Sabe usted cómo le llama éste a Pepillo, a su cuñadito de usted?....

—No.

—¡Rigoleto!

Las chicas se echaron a reír.

Estábamos en el atrio de la Parroquia. Allí, a la sombra de los ahuehuetes, charlaban y reían cinco o seis lechuguinos. Entre ellos estaba el joven cuyo destino fuí a ocupar. Oí mi nombre y el de Gabriela, y una voz que decía:

—¿Se casarán?

—¡Es cosa arreglada!—exclamó alguno.... Parece que.... Y no escuché más. Hablaron tan quedo que no percibí lo que decían. ¡Alguna infamia!

Las señoritas Castro Pérez entraron en el templo. Yo las seguí maquinalmente....