¡Qué gusto, Rorró, qué gusto! Nada de lidiar con los chicos.... Desde el día primero voy a descansar.... ¡Ya los niños me tienen hasta aquí! ¡Para eso Angelina!... ¡Lo mismo que para cuidar de un enfermo!... Ya te lo he dicho, Rorró; si Angelina no se casa ha de parar en hermana de la Caridad. ¡Tiene vocación, hijo, tiene vocación! El otro día se lo dije al P. Solís, y me contestó: «¡Tiene usted razón!»

—¡Vaya con usted y con el P. Solís! ¿Angelina monja? ¡Dios nos libre! Linilla será esposa y madre de familia....

Miróme fijamente la anciana, y, sonriendo, me dijo:

—¿Te casarías con Linilla?

—¡De mil amores!

—Ese casamiento seria muy de mi gusto. Dicen por ahí, pero yo no lo creo, que estás enamorado de Gabriela....

—¡No, tía! Ya sabe usted que las gentes dicen cuanto se les ocurre....

—Pues mejor, hijo, ¡mejor! ¡Yo quiero mucho a Linilla!... Gabriela será muy elegante, muy bonita, muy rica, ¡cuánto tú quieras! pero donde está Angelina....

Era preciso irse.

—Bien, tía...—dije levantándome—ya es hora, de montar a caballo....