—Sí, señor.
—Pues ya lo sabes; mañana, a las nueve, te presentas en la casa de Castro.
—¿Mañana?
—No, tienes razón; mañana es día de fiesta, y pasado mañana día de Difuntos. Ya irás. Poco vas a ganar, muchacho; pero, ¡algo es algo! Ya veremos si después encontramos cosa mejor.
Castro Pérez había despedido a su escribiente, y en atenta carta avisaba a mi maestro que el empleo estaba a mi disposición. Hacía grandes elogios de mí, y se prometía encontrar en el nuevo amanuense un joven «inteligente, activo y útil»....
Yo dije para mí, cuando leí el párrafo:
—¡Y que gane poco!
XX
Salí de allí muy alegre y regocijado. Angelina salió a encontrarme.