Palacio de Agricultura

Y ya en tercer término, que justo es, vaya la madre patria acompañando á sus hijas predilectas, voy á echar una rápida ojeada á los cajones que constituyen las colecciones peninsulares, ricas algunas de ellas por su calidad; pobres, pobrísimas por su cantidad y su instalación, figurando en primer término las frutas secas de Tarragona, almendras, avellanas, nueces, algarrobas, que no tienen rival aquí, que son, con los aceites y aceitunas, y los frutos ultramarinos, las mercancías que pueden hallar en América, mercados importantísimos; porque pensar que las gramíneas: trigos, cebadas, maíz, han de hacer la competencia á los inmensos graneros americanos, es pensar en lo imposible; imaginar que nuestras frutas: naranjas, limones, peras y manzanas, riquísimas en Florida y California, han de derrotar las producciones de este país, supone un desconocimiento profundo de lo que produce la agricultura americana sobre la que se han dicho y repetido cosas verdaderamente inexplicables, como se han dicho y escrito sobre vinicultura errores que pueden perjudicarnos extraordinariamente porque alientan esperanzas, y consienten ilusiones perturbadoras para el régimen del cultivo de las tierras españolas.

Las observaciones juiciosas del señor Vera hechas en el fecundo campo de esta Exposición, prueban hasta la evidencia que los únicos frutos y productos que podemos aspirar á introducir aquí son: con el café, tabaco, azúcar y abacá, el aceite de oliva que hemos presentado limpio y bien filtrado, cuando creían en América que en España sólo se producían aceites crasos, sucios, llenos de sedimento, ingratos al gusto y á la vista; las aceitunas de mil variedades puestas en botes elegantes, las avellanas, las algarrobas, las judías del campo de Tarragona, los chocolates—y si esto no es agricultura yo no tengo la culpa de que lo sea para los americanos,—de tantas marcas como existen en España, las pastas para sopa que han de competir en bondad y baratura con las pastas italianas que tienen aquí mercados provechosos, y las conservas alimenticias de pescados y frutas que hemos presentado haciendo airoso papel, precursor de más preciados frutos, si sabemos aprovechar las condiciones de estos mercados, y el conocimiento que aquí se ha adquirido de nuestra producción rural é industrial.

No lo olviden los que han acudido á este Certamen con tan buena voluntad y mejor deseo; no lo olviden el campo de Tarragona, las comarcas olivareras, los que fabrican chocolates y pastas para sopa en el centro de España, los que elaboran conservas en el noroeste de la península, los que han enviado aguardientes, ron y anís, porque los demás, los que han venido con cervezas y sidras, los que han expuesto aguas minerales, los que han traído trigo, centeno y maíz, como elementos de información, como dato y quizá como ensayo, podrán ofrecer al mundo americano objetos de estudio, cuyo resultado práctico no vislumbro, ya sea que esté enfermo de peligrosa miopía, ya sea que mi escaso entendimiento no sepa descubrir, en el desenvolvimiento de nuestra producción, los dilatados horizontes que quisiera poder ofrecer, como estímulo y esperanza, á la población rural é industrial de España.


Palacio de Horticultura

La sección española de vinicultura