Tabaco, 3,000 íd.

La colección de cafés, que ha parecido excelente á los peritos jurados, está compuesta de muestras de varias clases, presentadas por Lorenzo Joy, de Ciales; Miguel Perla, de Puerto Rico; Rosés y C.ª, de Arecibo; Julián Rivera, de Coamo; Bultmann y C.ª, de Aguadilla; Moral González, de Mayagüez; Fitle, Lunt y C.ª, de Ponce, y otros muchos que sería prolijo enumerar.

Cuba, que tan poca importancia ha dado á sus azúcares, se halla supeditada á los de la pequeña antilla, que presenta una colección completa y tan buena, que personas inteligentes le conceden el primer lugar entre las que figuran, con mayores prestigios, en la Exposición de Chicago.

Consulto mis apuntes y leo entre las casas que figuran en el Certamen como productoras de azúcar centrífugo las de Cintrón de Yabucoa, Sobrinos de Esquiaga, Hortensia Arribas, Cristóbal Vallecillos, etc., etc.

No me parece tan lucida la instalación tabacalera: ni en cantidad, ni en calidad, puede atreverse Puerto Rico á rivalizar con Cuba, y las casas de López, Albarado, Sánchez y hermanos, Modesto Bird y otros, no tienen más pretensión que dar fe de vida y ocupar un segundo lugar en el concurso de esta poderosa industria en el mundo.

Como productos secundarios ofrece Puerto Rico una variadísima colección; dejando á un lado su abundantísima fabricación de alcoholados de malagueta, cremas de todas clases, ron de infinitas marcas, fríjoles, arroz en cáscara, adriote (materia colorante), jabón, almidón de yuca, algodón en rama, y cera, queda aún un artículo importantísimo, el cacao, que abunda en la isla, y se considera de excelente calidad.

Sitio importante y preferente ocupa la industria rural filipina, ceñida á tres artículos que son, mejor dicho, pueden llegar á ser tres veneros inmensos de riqueza, capaces ellos solos de convertir las Filipinas en un centro comercial de primer orden: el tabaco, el azúcar y el abacá.

Ya sé yo que la Compañía General de Tabacos de Filipinas no aspira á competir con los tabacos antillanos; lo que sí observo, es que sus precios, que oscilan entre cinco y cien duros el millar, pueden ser un incentivo poderoso para abrir mercados en países cuyos habitantes fuman y mascan el tabaco de las clases más bajas con una fruición envidiable, y que los millones que envía España á los Estados Unidos para comprar hoja para tripa, pueden tener más lógico destino en nuestras posesiones de Ultramar y en los mercados de la metrópoli que, tarde ó temprano, concederá á nuestros desdichados labradores la libertad de cultivar, en los campos que devasta la filoxera, la preciosa planta, el frugal tabaco que se adapta á todos los suelos y á todos los climas, ofreciendo una variedad inmensa de productos más ó menos suaves, más ricos ó más pobres en perfumes, pero siempre pródigo en bienes para el que lo cultiva.

El azúcar filipino ha sido aquí una revelación, así como el abacá, que con su fibra larga y resistente, es objeto de codicia para esta raza yankee que se enamora de los textiles que no conoce, y que va á ensayar con la avidez que siente por todo lo que cree objeto de explotación apropiada á las necesidades de su industria.