INDUSTRIAS AMERICANAS

Pullman

Tratando de obsequiar á los obreros catalanes que llegaron hace pocos días á Chicago, el señor Dupuy de Lome nos ha invitado á visitar la gran colonia industrial conocida con el nombre de Pullman, en donde se fabrican los coches-palacios que circulan por todas las líneas de la gran república norte-americana y que asombran al viajero por su lujo, su confort y su baratura. Llego en este momento de allí, y con las ideas frescas en la memoria, intento bosquejar lo que he visto, que no consiente otra cosa el sinnúmero de asuntos que pudiendo dar margen á una correspondencia diaria, llamarían poderosamente la atención de los lectores de La Vanguardia.

Voy, pues, á traducir lo que nos ha dicho en inglés correcto y claro la persona encargada de enseñarnos todas las dependencias de la fábrica, añadiendo sólo algo que revele impresiones propias, y que complete el hermoso cuadro que se presenta á la vista del viajero, al llegar á la estación «Pullman», de la línea Illinois central que enlaza Chicago á New-York.

Nos espera junto á la explanada de la colonia, donde está trazado un jardín inglés de matizada hierba, un señor alto, obeso, sanguíneo, que ofrece galantemente sus servicios al señor Dupuy, y que empieza su relato diciendo: «Señores: aquí no hay policía, ni juez, ni cárcel, ni tabernas; los malos obreros no se conocen en esta colonia; el que no quiere trabajar está aquí fuera de su elemento; por desgracia, la fábrica está sufriendo los tristes efectos de la crisis que aqueja á todos los elementos y á todas las clases de la nación, y trabaja únicamente lo indispensable para mantener á un reducido número de obreros.»

«La parte dedicada á tejidos de punto está parada, el número de carruajes de lujo y vagones en construcción es limitadísimo, y si bien verán ustedes la fábrica en movimiento, no es sombra siquiera de la realidad.»

«Ahí tienen ustedes el primer carro Pullman construído por su autor; esta obra fué un asombro y un escándalo: asombro por su lujo, escándalo por el atrevimiento de construir un vagón que costó 18,000 dollars, ó sea cuatro veces y medio el valor del vagón de primera más lujoso construído en aquella fecha; y precisamente Pullman cifró, en este escándalo, todo el éxito verdaderamente asombroso de una empresa que, empezada en 1880, ha construído en tan pocos años inmuebles y talleres valorados en 40 millones de dollars.»