Calles estrechas, estrechísimas, por cuyas aceras no puede pasar más de una persona, si ha de quedar arroyo bastante holgado para que crucen por él dos carruajes sin peligro; casas bajas, tan bajas que en su mayoría no tienen más de un piso; toldos horizontales ó ligeramente inclinados, con otros verticales y divisorios en las calles, que tamizan la luz y dan al interior de las tiendas una entonación triste y pobre; almacenes grandes en general, pero poco adornados y vistosos, por más que hay en ellos cuanto puede necesitar la dama de gusto más refinado y exquisito; arroyos llenos de baches, descuidados, mal barridos, aun aquellos que corresponden á calles principales y de más escogida y numerosa concurrencia.

Listo ya para salir á la calle, desde el saloncito de conversación del hotel de Inglaterra, fijo mi atención en el Parque, sitio céntrico de la ciudad y de reunión durante la noche, cuando una música militar solicita el favor del público, y observo en el centro una dilatada plataforma en medio de la cual está emplazada, sobre zócalo sencillísimo, una estatua en mármol de doña Isabel II, obra de un escultor cuyo nombre no me interesa, y á los costados del monumento, macizos de flores que alternan con árboles desmedrados, candelabros de gas y asientos de madera. Rodean la plaza ó Parque los teatros más notables de la Habana: Tacón, Pairet y Albisu, pero ninguno de ellos presenta fachadas monumentales que fijen la atención del viajero y merezcan una descripción detallada.

Llama la atención en aquella plaza la falta de criterio con que se determinó su traza, pues siendo porticada en algunas partes, presenta soluciones de continuidad inexplicables, en otras, con evidente desventaja para la buena visualidad del conjunto. Hay en la misma el Centro de bomberos del comercio, instituto digno de merecidas alabanzas; algunos edificios particulares vistosos, uno de ellos paralizado hace bastantes años; cafés bastante lujosos y de holgadas formas, y uno de los casinos más famosos del mundo, conocido con el nombre de «Centro Asturiano.»

Mas todo esto y lo que me queda por reseñar, que no es poco, nada significa al lado de lo que compone la estructura íntima de un centro donde se agita todo el trabajo fecundo de la isla, se acumulan enormes riquezas, se acrecientan grandes ambiciones y se alimentan esperanzas pavorosas para el porvenir del poderío y la riqueza de España. Algo he de decir de todo eso, que su estudio interesa á todos los que aman la patria, su integridad, sus prestigios y su gloria.


El Parque

En la Habana

Quisiera rectificar mi primer juicio respecto á las condiciones de la capital de Cuba; pero, cuanto más conozco su vialidad é higiene, sus calles y paseos, sus edificios públicos y particulares, me afirmo más en el concepto que formé al apreciarla, en su conjunto, desde la bahía, y al recorrer algunas plazas y calles, yendo de la Aduana al hotel de Inglaterra.