En estos tiempos de egoísmos feroces y bajas pasiones, es un consuelo hallar en el camino de la vida y en lejanas tierras, ejércitos guiados únicamente por el deber, ejércitos que buscan al que está en peligro y le socorren con exposición propia, que salvan la hacienda ajena sin ánimo de compartirla, obrando con abnegación y desinterés.
¡Dichosos los que ejercitan virtudes tan santas! ¡Dichosos los que nos enseñan con su ejemplo cómo se ama al prójimo y se cumplen heroicamente los mandamientos de la ley de Dios!
Acepten, pues, los bomberos de la Habana, mi respeto y admiración, que consigno gustoso en estas páginas, debidos á sus relevantes servicios y heroico comportamiento.
A pocos pasos de la central de bomberos se halla el Centro Asturiano. Dominan en la isla de Cuba tres elementos peninsulares: el asturiano, el gallego y el catalán, pero hay que confesar que las grandes iniciativas, el leader de la isla, el que impone su criterio, bulle y se agita, es el asturiano.
No sé á punto fijo el número de colonos que tiene Asturias en Cuba; lo que si puede asegurarse es que las pequeñas industrias y los comercios más ricos están en manos de los hijos del Cantábrico, que, siendo en gran número, España puede contar con su patriotismo, que los que iniciaron la Reconquista en los altos montes de Covadonga no han de perder en Cuba la reputación de valientes, tenaces y sufridos que conquistaron en la península y que escribieron con tinta indeleble en la historia de España.
Forman los asturianos en la Habana una legión nutrida y compacta. Pobres y ricos mantienen el tacto de codos que da fuerza al individuo y á la comunidad, y levantaron la casa pairal en el mejor sitio de la Habana, con una ostentación y riqueza capaces de atestiguar, de decir en síntesis expresiva: somos aquí los primeros y los mejores.
Ni en los Estados Unidos, ni en parte alguna, he visto un Club montado con mayor riqueza, que maneje más cuantiosos ingresos y que haya sabido organizar con mayor tino un establecimiento que proporciona solaz á los ricos, educación é instrucción á los niños y amparo y protección á los pobres. No puede ambicionar, quien no sea un magnate, salones más espléndidos y mejor decorados; no puede pedir el aficionado á la instrucción clases mejor montadas, donde se enseña en lenguas y matemáticas cuanto necesitan las clases dedicadas al comercio, ni el que quiere divertirse, sin olvidar á los que padecen, mejor pan, medicina y consejo que el que da el Centro Asturiano á los hijos del Cantábrico que no han sabido hallar en los campos de Cuba vida independiente y hogar libre de las tristezas del que sufre los rigores de la miseria.
Fuimos al Centro asturiano unos cuantos catalanes de los que nos reuníamos todos los días en el hotel de Inglaterra, acompañados por don Rosendo Fernández, comisario en Chicago, representante de la isla de Cuba y vocal activo é inteligente de la Junta del Centro.
Acogidos en aquella casa como amigos, iluminados y engalados los salones para que pudiéramos apreciar todas sus bellezas, examinadas detenidamente las obras de arte que adornan la biblioteca, la sala de Juntas y el salón de baile, centro de primores y buen gusto, tanto en su hermosa columnata como en los espejos, muebles, lucernas y luces de paramento, realzado todo por los colores del solado de mármol y los tonos delicados de las paredes, sobria y artísticamente pintadas, siendo sólo de sentir que aquel salón inmenso esté cortado en ángulo recto, siguiendo las líneas de la manzana, con un teatro en el vértice en forma de chaflán, recargado de ornamentación en su boca de escenario, desentonando algo, pareciendo nota chillona en aquel concierto de harmonía que existe entre todos los elementos que constituyen el salón principal del Centro asturiano de la Habana. Siento no recordar los nombres de las personas que obsequiaron aquella noche á la pequeña colonia de Barcelona, para enviarles, en nombre de todos los favorecidos, un recuerdo de gratitud.