La calidad de catalán es una credencial que abre todas las puertas de la casa; el P. Muntadas, que estaba enfermo, tuvo la galantería de recibirme, de hablarme de una porción de cosas que embellecía su palabra fácil y sencilla, y de expresarme su pena por haberle impedido el mal estado de su salud visitarme en la Habana, como deseaba.

Agradecí, como pude, tanta bondad, y guiado por dos Padres hijos de Cataluña, recorrí detenidamente el colegio de Guanabacoa.

No tiene aquella casa apariencias de edificio moderno; su claustro central cuyo patio adornan plantas tropicales, sus paredes desnudas y enjalbegadas, su ornamentación modesta y anticuada dan al conjunto del edificio aire de convento levantado en tiempos medioevales. Pero en cuanto se recorren las salas de museos, laboratorios y gabinetes de enseñanza, y se fija la atención en los aparatos é instrumentos del gabinete de física y en el laboratorio de experiencias químicas, en las colecciones de animales y plantas disecados, en los elementos petrográficos, minerales, rocas y fósiles, se ve fácilmente que el espíritu científico moderno ha entrado por aquellas puertas, para mantener en su punto el crédito de la enseñanza que han enaltecido siempre los hijos de San José de Calasanz.

Los dormitorios, espaciosos y bien dispuestos; el comedor limpio y ventilado; el gimnasio, la piscina, el patio de recreo, elementos que se han ido creando á medida del crecimiento de la casa y el favor del público: la capilla, el salón de actos académicos, en cuyo fondo hay un teatro destinado al recreo y á la educación de los colegiales, forman un conjunto harmónico que revela la manera de desenvolverse la enseñanza en aquel centro de educación científica, moral y religiosa.

Las celdas de los Padres se hallan en la parte alta del edificio. Desde ellas, y estando las puertas abiertas, con vistas al patio central, se abarca el conjunto de una galería de arcos adintelados, sostenidos por pies derechos de madera y una barandilla sencillísima que los enlaza, que recuerda las casas de campo catalanas, estando esa ilusión sostenida entonces por cuanto me rodeaba, y especialmente por la lengua empleada, y que me parecía dulcísima, en lejanas tierras, esa lengua catalana que tantas veces he juzgado, con perdón sea dicho de los catalanistas, ruda, áspera y concisa en demasía.

Los Padres, casi unos muchachos, que hacía poco tiempo habían salido de Barcelona, apenas aclimatados, sufriendo los rigores de aquel clima inclemente, recordaban con las ansias de la nostalgia á la patria ausente. Uno de ellos criaba en su celda no sé cuantos pájaros, consolándose quizá con el canto de aquellos alados prisioneros más felices que él, digno esclavo del deber y de cristiana resignación.

Me despidieron en la puerta con afectuosos apretones de mano y ojos encendidos por el llanto, que pensaron enviar sin duda á la tierra, con sus votos de un viaje venturoso, algo de su sér, de sus recuerdos, que me llevaba con sus ansias á la patria catalana.

Volví á la Habana y dediqué la tarde y parte de la noche á visitar una fábrica de hilados de yute y henequen y la planta eléctrica, fusionada á la fábrica del gas, que funcionan con gran prosperidad.

La fábrica de yute y henequen que trabaja bajo la razón social Heydrich Raffloer y C.ª, empezó muy modestamente; hasta ahora se ha dedicado á la fabricación de jarcia, pero intenta ya mayores empresas y trata de tejer sacos de yute, en grande escala, para facilitar envases á la industria antillana del azúcar, café y cacao. Posible es que se esté montando ya la maquinaria norte americana que estaba encargada hacía tiempo en los Estados Unidos, y que cuente ya la Habana con un elemento más de riqueza, instigador y ejemplo vivo de otras empresas de mayor alcance, que vayan á aumentar la riqueza y los recursos poderosos de la perla de las Antillas.

En barrio apartado y junto al mar, en edificio de pobre apariencia, ha levantado la industria la planta eléctrica de la Habana.