La conclusión de un libro
Jamás podré pagarte, lector querido, la gratitud que te debo por haber leído estas páginas dictadas al calor de una convicción profunda, intuitiva ayer, resultado hoy de paciente observación y continuado estudio. Y al hacer examen de conciencia, para resumir, en poquísimo espacio, el trabajo de nueve meses pasados en América acopiando datos, noticias, discursos, hechos, cuanto contribuye á labrar en el entendimiento el concepto claro de los hombres y las cosas, aun siendo corto el tiempo empleado y mi saber escaso, oblígame á decir lo que siento y pienso, á condensar en un punto concreto el objetivo de mi labor, si he de justificar, de alguna manera, la osadía de haber escrito tantas páginas que si no por su calidad, por su número, arrojan material suficiente para sumarse en las de un libro.
Los Estados Unidos vistos al través de sus invenciones y riquezas parecen un cuento de hadas; cuando se tocan de cerca, la ilusión se desvanece, quedando en el espíritu el sombrío presentimiento de una civilización movediza, que no lleva rumbo fijo y que puede encontrar, en su camino, insuperables escollos. Han creado un Estado sin familia, han desligado á las gentes de los vínculos que ata el corazón, y la idea de patria resulta una cosa tan vaga que ha de ser para los yankees un anacronismo propio de sociedades caducas vislumbradas desde allí al través de las brumas del Atlántico, vegetando sobre las tierras cansadas de la vieja Europa.
La libertad individual absoluta, la autoridad paternal desconocida, la emancipación de los niños, aceptada apenas trasponen los umbrales de la pubertad; la madre que olvida con el divorcio á los hijos; el padre que contrae, solicitado por el instinto, nuevos vínculos que desatan las tormentas conyugales; hermanos germanos que apenas se conocen; hermanos consanguíneos que ni pueden odiarse; hogares que forma el placer y borra el dolor, no pueden ser raíces que ahonden en el suelo de la patria para constituir tronco fuerte y robusto, capaz de mantenerse erguido en las luchas sociales.
Búsquese el término de comparación en España y se verá que aquí la santidad del hogar es una necesidad sentida por todos: el hombre peor dotado, el que esconde sus delitos en cárceles y presidios, necesita creer en la santidad de su madre, en un hogar honrado donde pasó las horas más tranquilas y más hermosas de la vida, donde se desarrollaron el amor á la patria pequeña, los entusiasmos por la grande, el interés por el terruño y la casa, llena de recuerdos, de ilusiones y esperanzas, compenetrándose de tal manera esos afectos, el amor á la familia y á la patria, que forman en el corazón primero y en la inteligencia después una sola idea, como los sumandos de una adición cuando son homogéneos forman un total, un todo expresivo de una cantidad clara, precisa é indiscutible.
En los Estados Unidos, todo eso es puro romanticismo; los padres imitan á los pájaros, viendo con gusto que los hijos se emancipan cuando tienen alas para volar, el niño solicitado por el afán de acumular dinero, ansia torcedora de toda la familia yankee; la niña arrullada por la idea, aceptada por todos, de su inteligencia precoz, educada é instruída fácilmente con destinos sólo esbozados en aquellas sociedades, pero, con inclinaciones claramente manifestadas, encuentran el hogar menguado para sus iniciativas, y se lanzan al espacio, sin cuidarse nadie de averiguar si la frágil máquina de su temprana inteligencia resultará globo dirigido por mano experta ó alas de cera que derretirá la primera ráfaga de pasión hallada en el proceloso océano de la vida.