Est’era un pato
que tras de una pata andaba,
i por ver si la pisaba,
platicó con ella un rato;
cuando ¡zas! llegó otro pato
mas copeton i mas lacho
que tras de la pata andaba,
i, por ver si la pisaba,
platicó con ella un rato;
cuando ¡zas! llegó otro pato... etc.
20. El polaco i el inglés
Un polaco i un inglés
una tarde se encontraron;
el inglés se enfureció.
¿Cree usted que lo mató?
¡Nó!... Le diré lo que pasó:
Un polaco i un inglés
una tarde se encontraron... etc.
que es una variante del número 4.
I por fin, el que sigue, que debo a la bondad del señor Ismael Parraguez; pero que no me parece popular, por figurar en él el vocablo tajante, que no emplea sino la gente educada.
21. El miedoso
Eran las dos de la noche
cuando sentà ruido en casa;
subà luego la escalera,
tomé la tajante espada,
rejistré toda la pieza
i vi al fin que no era nada;
i por ser cosa curiosa
voi a volver a contarla:
Eran las dos de la noche
cuando sentà ruido en casa... etc.
Dos cosas principalmente llaman la atencion en estos cuentos: primero, que son, en jeneral, brevÃsimos; i segundo, que con escepcion del número 9, el de la Vaca del Rei; del número 10, del Humito; del número 12, de los Gansos; i del número 14, del Fililo, son en verso o rimados.
Ya ántes hice notar que los siete primeros, mas que de cuentos de nunca acabar, podian calificarse de cuentos de pega; pero los trece restantes no hai duda de que son, en todo i por todo, verdaderos cuentos de nunca acabar, pues miéntras viva el que los dice i tenga paciencia i cachaza suficientes el que los oye, el cuento no se ha de concluir.
Todavia debo observar que en estos trece últimos cuentos hai dos clases perfectamente distintas: una en que se repite la última parte del cuento (núms. 8, 9, 10, 11, 12, 13 i 14) i otra en que el último verso, porque éstos son todos en verso, se encadena naturalmente con el primero i se ve uno precisado a decirlo todo entero de nuevo, hasta que quiera terminar (núms. 15, 16, 17, 18, 19, 20 i 21).