Hai algunas otras piezas populares que tienen cierta analojia con las anteriores; i son, el cuento tan conocido de La Tenquita que se quemó la patita en la nieve; la tonada de La Cuja, que por los años de 1885 i 1886 cantaba el ciego Acuña en el teatrito del Santa Lucía, cuando éste constaba de sólo el proscenio i los espectadores se sentaban a cielo descubierto; i por fin, la tonada del Real i medio. En todas tres hai las repeticiones de los cuentos de nunca acabar; pero difieren de éstos en que, tanto en el cuento como en las tonadas, en cada repeticion entra siempre un nuevo elemento, lo cual contribuye a que uno i otras vayan creciendo poco a poco. No son de nunca acabar; pero sin necesidad de hacer trabajar mucho la imajinacion, pueden alargarse a voluntad, casi indefinidamente.

Al relatar el cuento i al cantar las tonadas, es de regla decir de una sola tirada la parte que se repite con el agregado correspondiente, de lo cual resulta que al llegar a lo último, la recitacion i el canto tienen que ser sumamente rápidos, a fin de no hacer ninguna pausa para respirar.

El cuento es una de las diversas variantes del que ya publicó el Dr. Lenz en 1892 en la pájina 296 del tomo VI de las Phonetische Studien. Creo que las tonadas han permanecido inéditas hasta ahora.

Ademas de estas piezas, conozco otras que tienen ciertos caractéres que las asimilan a los cuentos de nunca acabar. Una de ellas es el de La Mata de Cóguiles,[24] que tambien creo inédito i que va al fin de esta compilacion. En tres ocasiones el viejo héroe de la narracion sube hasta el cielo i desciende despues a la tierra escalando las ramas de una mata de cóguiles, i el que hace el relato refiere que en cada una de ellas el viejo subió o bajó de gancho en gancho... de gancho en gancho... de gancho en gancho..., espresion que algunos suelen repetir hasta el aburrimiento en las siete veces que aparece en el cuento. Cuando me lo refirieron por primera vez, el narrador llegó solamente hasta la primera ascension i estuvo diciendo largo rato de gancho en gancho... de gancho en gancho,..... hasta que preguntado qué era lo que seguia, contesto: «lo que sigue es que el viejo va subiendo todavía, porque fíjese, pues, señor, que la mata llega hasta el cielo i está principiando a subir no mas de gancho en gancho..... de gancho en gancho..... de gancho en gancho.....», i no hubo santo que sacara a aquel bárbaro de allí. El modo de proceder en este caso es igual al del cuento Núm. 12 de los Gansos.

22. La Tenquita[25]

(Contado por Polonia González, de 50 años, natural de Colchagua).

Pa saber i contar, etc.

Est’ era una tenquita que tenia unos tenquitos mui lindos qui acababan de salir der huevo, i que jué una mañanita a buscarles que comer. I cómo era invierno i había quéido muchaza nieve, donde la tenquita se paró en er suelo, la nieve le quemó una patita. Entonces la tenquita se puso a llorar, mui aflijía der verse cojita, i le dijo a la nieve:

—Nieve, ¿por qué sois tan mala que me quemais la patita a mí?

I la nieve es que le ijo: