Jué entonces la tenquita onde su Divina Majestá, e hincándose delante de Ella hasta que besó er suelo con la boca, es que le ijo:
—Señor, ¿por qué hicistes al hombre, el hombre hizo er cuchillo, er cuchillo mata ar güei, er güei se toma el agua, el agua apaga er juego, er juego quema er palo, er palo pega ar perro, er perro corre ar gato, er gato come al raton, el raton aujerea la paer, la paer ataja er viento, er viento corre el ñublao, el ñublao tapa er sol, er sol reÃte la nieve i la nieve me quema la patita a mÃ?
I la tenquita se puso a llorar que era una compasion i daba pena der verla.
Entónces el Señor compadecÃo e la esgracia e la pobre avecita, es que le ijo:
—Andavéte bien tranquila, tenquita, a cuidar a tus tenquitos, qu’ están con mucho frio i tienen much’ hambre.
La tenquita, como güeña cristiana, obedeció ar tirito, i cuando llegó a su niito s’ encontró con que tenia güeña i sana la patita quemá.
Por este mismo estilo es el cuento de El Raton Hilandero, publicado en la pájina 113 del Primer Libro de Lectura por Manuel Guzman Maturana, Santiago, 1906; pero no me parece que sea éste un cuento popular, ignoro si es produccion orijinal del señor Guzman Maturana; sin embargo me inclino a creer que es una traduccion o una simple adaptacion de otro idioma al castellano. Tambien tiene alguna semejanza a éstos, por el procedimiento que se sigue, un juego de prendas con que RodrÃguez MarÃn, ilustra la nota 171, pájina 148 del tomo I de su obra citada, y que comienza:
«Esta es la bota
que buen vino porta
de Cádiz a Rota.
Aqui está el tapon
que tiene la bota
que buen vino porta
de Cádiz a Rota.
Este es el cordon
que amarró el tapon
que tiene la bota»... etc.
A esta clase pertenece asimismo el cuento portugues de la Carochiña, con cuya traduccion mi buen amigo el brasilótilo don Clemente Barahona Vega ha querido favorecerme, i que transcribo en seguida por el gran parecido que tiene la primera parte de él con el cuento chileno de El Raton Pérez i con el español de La Hormiguita, el primero que trae Fernan Caballero en sus Cuentos, Oraciones i Adivinas[27] i el cual, seguramente, es el progenitor del nuestro.
El cuento de la Carochiña[28]