Una mañana le dió tanta rabia al viejo porque la vieja lo llevaba retando, que le ijo: «arreglám’ er capachito con el cocavin[32] p’al camíno». La vieja li arregló er capacho, se lu ejó encima di una mesa i se jué a su cuarto. Er viejo tomó er capacho i salió i en veh d’ irse a peír limosna, como lu hacía siempre, se jué por detrráh e la cerca hast’ onde estaba la mata e coile. Una veh que llegó se sentó i se puso a pensar qui haria con la mata, porque no queria cortarla p’ aprovecharl’ er fruto; pero si no la cortaba, pasaria peliando con la vieja, i como la queria tanto, tampoco queria hacerla rabiar.

Por fin despueh de tanto pensar, se li ocurrió ir a ver a Dioh pa peírle algun consejo; si amarró bien er capachito a la cintura i se puso a subir de gancho en gancho... de gancho en gancho... de gancho en gancho... de gancho en gancho.... (se puede repetir las veces que uno quiera) hasta que llegó ar cielo i llamó. Salió San Peiro i le preduntó qué queria, i er viejito le contó too lo que le pasaba. Entónceh San Peiro se jué a hablar con Dioh i a icirle too lo que er viejito li acavaba e contar. Dioh le ijo que le diera una varillit’ e virtú i que no le pidiera a ella mah de lo que necesitaba, porqu’ entónceh se la quitaba. Salió San Peiro con la varillita i le repitió ar viejito lo que Dioh li habia dicho, er viejo prometió hacerlo, dio lah graciah i se vino de gancho en gancho... de gancho en gancho... de gancho en gancho... de gancho en gancho.... (se repite muchas veces).

A too esto la vieja lloraba com’ una Maudalena porqui hacia doh diah qu’ er viejo no llegaba a la casa i estaba arrepentía di haber pelíao con él. A veceh pensaba que lu habrian muerto i qu’ en la noche l’ iba penar, i pensando que pudiera ser cierto, se lo pasaba rezando toa la noche.

Er viejo, en cuanto bajó, le ijo a la varillita: «varillit’ e virtú, por la virtú que Dioh ti ha dao dami un terno bien chatrre[33], un güen sombrero i un rico par de zapatoh», i en un ratito s’ encontrró con que tenia elante too lo qui habia pedío. Entónceh se vistió i se jué a su casa, gorpió en la port’ e calle i salió la vieja. La vieja no lo conoció ar verlo tan pijote[34] i toa cortá le preduntó: «¿a quién busca er señor?» Er viejo se puso a réir de ver que no lo conocia, i le contestó: «¿Ya no me conocíh? ¿no conocíh a tu viejo que tanto lo retabai porque no cortaba la mat’ e coile?» La vieja casi se murió er susto, porque créida qu’estaba soñando o que su marío la’ staba penando. Er viejo ar verla tan asustá, le dió un abrazo i dentrró a contarle lo que li habia pasao i le mostrró la varillita i le ijo too lo que li habian mandao. A la vieja se le pasó er susto i le pidió perdon, i le prometió no hacerlo rabiar mah.

Lijerito prencipiaron a peirle muchah cosah a la varillita, toah mui necesariah: le pidieron ropa, muebleh, i por fin una mesa con los mejoreh manjareh i vinoh; i too lo tuvieron.

Er viejo pa’star mejor con Dioh, agarró la costumbre d’ir tooh loh diah a misa; i por mieo e que la vieja no juera a peír lo que no necesitaba, se llevó la varilla i la pasó a ejar ondi una comaire qu’ehtaba cerca e la parroquia. Despuéh que saluó a la comaire, le pidió que le guardara la varillita i que no se la juera a perder. Cuando el viejo se jué, la comaire se quió pensando qué cosa tenrría la varillita, cuando er viejo se l’habia encargao tanto. Despuéh e mucho pensar se figuró que poiría ser de virtú i quiso ver si era cierto: sacó la varillita di ond’estaba guardá i le pidió que le diera un vestío; lijerito se le apareció er vestío. Entónceh la comaire pensó quitársela, i se jué a l’arbolea a ver si habia arguna igual pa cambiársela. Despuéh de mucho buscar encontrró una, la trrajo i la pus’ond’ estaba l’otrra. Cuando gorbió, er viejo le pidió la varillita, le dió lah graciah a la comaire i se jué armorzar. Despuéh que llegó a la casa hizo poner la mesa, agarró la varillita i prencipió a peirle, pero se cansó e tanto peír i ver que no si aparecia na. Enojao mah qui un diablo, jué a cas’ e la comaire pa ver si se l’habia cambiao. Cuando llegó a cas’ e la comaire le ijo: «vengu a ver por qué me cambió mi varillita por esta tan feaza, comairita». La comaire le ijo: «no, compairito ¿cómo cre que yo voi hacer una cosa semejante con usté cuando yo a usté lo apreceo tanto?»

Er viejo, viendo que no sacaba na, gorbió a su casa i le ijo a la vieja que le aprontara er capachito con el cocavin, porqu’ iba a peir otrra virtú. La vieja le preparó er capachito i s’espidió der viejo desiándole un güen viaje.

Er viejo si amarró er capachito a la cintura i jué a la mat’ e coile i se puso a subir de gancho en gancho... de gancho en gancho... de gancho en gancho... de gancho en gancho... hasta que llegó arriba i contó lo que li habia pasao. San Peiro le preduntó que qué cosa queria ahora, i er viejo le contestó: «unoh mantelitoh que cuando se destiendan en una mesa aparezcan cubiertoh de lah mejoreh comiah-San Peiro le trajo loh mantelitoh i l’hizo lah mismah recomendacioneh qui ánteh. Er viejo le dió lah graciah i se vino de gancho en gancho... de gancho en gancho... de gancho en gancho... de gancho en gancho... hasta que llegó a la casa, destendió loh mantelitoh i se pusieron a comer. Despuéh qui acabaron de comer doblaron loh mantelitoh i se jueron a dormir.

Al otrro día, comu e costumbre, er viejo se jué a misa i se llevó loh mantelitoh, loh pasó a ejar onde la comaire i l’encargó que no loh destendiera porque s’iba enojar.

En cuanto se jué er viejo, la comaire sacó loh mantelitoh i loh puso encim’ e la mesa. Lijerito se li apareció una mesa e banquete con loh mejoreh licoreh i manjareh de loh mah esquisitoh. Mah que corriendo jué la comaire a cambiar loh mantelitoh. Loh cambió i esperó que llegara er viejo. Al ratito llegó er viejo, tomó loh mantelitoh i se jué, i comu iba con much’hambre, en cuanto llegó a la casa destendió loh mantelitoh; pero con mucho susto d’él vió que loh mantelitoh se quiaron destendíos i no si aparecia la comia.