Entónceh llamó a la vieja i le contó lo que li habia pasao con la comaire i le prometió castigar á la comaire. Hizo que li arreglara er capachito i se jué a ver a San Peiro.

Anteh e salir le ijo a la vieja que se pusiera ebaju e la mata por si le pasaba argo, porque ya habia subio doh veceh i no le quiaban juerzas i no se juera a quer.

La vieja lu acompañó hasta la mata, i er viejo prencipió a subir de gancho en gancho... de gancho en gancho... de gancho en gancho... de gancho en gancho,... i comu iba mui cansao, no llegó mah qui hasta la mitá i se puso a ormir. Cuando estaba urmiendo le bajaron ganah e miar i se puso a miar. La vieja, qu’estaba abajo, recibió too lo qu’el viejo miaba. La vieja icia: «miren loh anjelitoh como están botando la mistela». Al poco rato ar viejo le vinieron ganah ’ensuciar i se puso hacerlo. La vieja sintió qui algo quéida i dijo: «miren loh anjelitoh como están tirando loh manjareh i confiteh, i mi viejo está allá gozando, i yo ¿por qué no gozo?» I si apuraba en recojer too lo que quéida.

En de que[35] amaneció, er viejo siguió subiendo de gancho en gancho... de gancho en gancho... de gancho en gancho... de gancho en gancho... hasta que llegó ar cielo i le contó a San Peiro lo que li habia pasao. San Peiro le mosrró muchah virtúeh i le ijo que descojiera por úrtima veh, porque si esta úrtima la perdia ya no li aba ni una mah. Er viejo descojió un rollo de varillas que alli estaba mui bien engüerto, le dió lah graciah a San Peiro por úrtima veh i prencipió a bajarse de gancho en gancho... de gancho en gancho... de gancho en gancho... de gancho en gancho... i en cuanto llegó ar suelo, le contó a la vieja lo que San Peiro li habia icho.

Comió bastantazo i se jué a ormir.

Al otro dia se jué tempranito a misa, i pasó, como siempre, onde la comaire. Cuando llegó allá l’entrregó el paquet’e varillah i le ijo: «mire, comaire, aquí trreigo otrro encarguito, i no vaya a ser cosa que se vaya perder como loh demáh; per una cosa le voi a icir: que no le iga ar paquete: sargan, palitoh; porqu’entonceh no respondo yo.»

El viejo se jué a misa i la comaire se quió pensando si haria lo qu’er viejo li habia icho. Por fin, despuéh e mucho pensar dijo: «sargan, palitoh», i salieron del paquete, hijito e mi alma, una pila e palitoh que se gorbian locoh pegándole a la comaire, que casi la mataron. ¡Güeno en pegarle hartazo!

Cuandu er viejo gorbió e misa, encontrró que loh palitoh tuavia l’estaban dando duro a la comaire i ya la tenian media muerta; i entónceh er viejo le ijo que si no l’entrregaba lah demáh virtúeh que li habia robao, qui haria que loh palitoh la matasen. La comaire l’ entrregó lah virtúeh, i er viejo, en castigo e toah lah mardáeh que la comaire li habia hecho, mandó a loh palitoh que le siguieran pegando, hasta que la mataron.

I loh viejoh se jueron a gozar de lah virtúeh, i vivieron muchoh añoh mui feliceh i siguieron cuidando mucho la mat’ e coile.

Compárese este cuento con el siguiente, pehuenche, que transcribo de los Estudios Araucanos del Dr. Rodolfo Lenz, VIII, 3, pájinas 293-296: