Entónces lo dejó encargado otra vez a esa mujer.

—«¡Que se llene el trapito!» no se me lo digas a mi trapo, dijo ese viejo.

—¿Por qué «que no se llene el trapo» no se me lo digas a mi trapo, me dijo ese viejo? dijo esa mujer.

«¡Qué se llene el trapo!» dijo esa mujer.

Así se llenó de hongos ese trapo.

Entónces el otro día, se encaminó, para ir a buscar su trapo, ese viejo. Llegó.

—Vengo a buscar mi trapo, pasó a decir ese viejo.

Entónces:—Se perdió tu trapo, se le dijo a ese viejo.

Volvió ese viejo. «Otra vez iré al cielo» dijo.

Otra vez se encaminó al cielo.