Entonces la Lora es que dijo:—“Me voy para Flordelís”—y se voló.

Cuando en la tarde volvió el Huacho y supo que la Lorita se había volado, se apenó tanto que esa misma noche, al amanecer, se fué de la casa.

Anduvo todo el día sin tomar alimento ni descansar, así es que el hambre se lo comía y no podía más de cansado.

Se sentó debajo de unos árboles y se quedó dormido.

Al día siguiente lo despertó una gran bulla que formaban tres lindas niñas, disputando cuál era la mejor. Entonces él se acercó a las niñas y les preguntó por qué discutían tan acaloradamente; y una vez que le explicaron el motivo, les dijo:

—Su merced, que es la mayor, es el sol, y en el día ¿qué cosa hay más bonita que el sol?—Su merced, que es la del medio, es la luna, y en la noche ¿qué cosa hay más bonita que la luna?—Su merced, que es la menor, es la guía de la mañana, y al amanecer ¿qué cosa hay más bonita que la guía de la mañana?—Y se fué.

Con estas cosas que les dijo el Huacho, se quedaron las niñas muy contentas, y dijeron:

—¿Y con qué le pagamos a este joven que nos puso en concierto y nos dejó contentas a las tres?

Entonces lo llamaron, y la mayor le dió un anillo que daba todo lo que se le pedía; la del medio le dió una plu[{205}]ma, que no había más que ponérsela en el zapato para volar más ligero que el viento; y la menor le dió un gorro, que bastaba ponérselo para hacerse invisible.

El Huacho les agradeció los regalos y partió nuevamente; y había andado ya algunas leguas cuando le vino como un desmayo, de lo que no había comido nada desde la noche antes.