Y a empellones y puntapiés despidieron al giboso, que volvió al pueblo llevando sobre sí dos hermosas corcovas: una sobre el pecho y otra sobre la espalda.
26. LA LORITA ENCANTADA
(Se lo contó, en 1909, Petronila Riquelme, de 56 años, natural de Chimbarongo, a don Luis Thayer Ojeda, quien tuvo la bondad de obsequiarme la transcripción, hecha por él, en Octubre de 1915.)
Para saber y contar y contar para saber. Esta era una vieja muy pobre que había criado a un Huacho que se llamaba Manuel, y a quien ocupaba en cuidar chanchos en el monte.
Un día el Huacho le dijo a la vieja:
—He oído decir que hay un Rey que paga un almud de plata por un año de trabajo, y yo, mamita, me voy para allá a mejorar suerte.
Salió Manuel y llegó a donde estaba el Rey, que era el castillo de Flordelís, y estuvo trabajando con toda la peonada durante un año, y a todos les fueron pagando un almud de plata; pero cuando estaban haciendo el pago, una Lora que tenía el Rey hablaba tanto, metiéndose en las cuentas, que el Rey, aburrido, es que dijo:
—El que quiera llevarse esta Lora en lugar del almud de plata, que se la lleve no más, que soy gustoso.[{204}]
Y ninguno de los que le oyó quiso llevársela, y entonces Manuel, viendo que era tan linda, dijo:
—Yo me la llevaré, Su Majestad, por el almud de plata.
Y se volvió el Huacho para su tierra, y en el camino cuidaba mucho a la Lorita y le daba de comer la mitad de lo que conseguía; pero cuando llegó a su casa, la vieja es que estuvo muy enojada porque quería plata y no pájaros y le dió a Manuel una buena paliza y lo mandó al monte a cuidar los chanchos, y después le pegó a la Lora, que casi la mató.