—¿No ve, patrón, como no tienen más que una pata?
—Eso lo vamos a ver—contestó el caballero, espantando las aves, que bajaron de sus dormideros y echaron a correr despavoridas.—¿Ves como tienen dos patas?
—¡Qué gracia!—contestó la Chepa—¿y por qué no espantó también al capón antes de comérselo?
El caballero no pudo menos que reírse a carcajadas y declararse vencido.
32. EL VENDEDOR DE COQUITOS
Un vendedor de coquitos tenía la costumbre, en vez de pregonar su mercadería, de hacerla sonar moviendo repetidas veces, de arriba abajo, el canasto que la contenía.
Se le acerca un gabacho que no habla castellano ni conoce los coquitos, y pregunta:
—Comment s’apelle—ça?
—Si no se pelan, ñor, se parten.[{222}]
—Comment?