Cuando don Javier Errázuriz hacía secar la laguna de Taguatagua (hace 60 años, más o menos), decían los pobladores de la hacienda que a la hora de la siesta salía el Diablo en figura de un toro con las astas de oro. El mayordomo del fundo lo enlazó un día y el toro cortó el lazo. Mandó hacer entonces otro más fuerte, de cuero de novillo, que el toro no pudo cortar, pero arrastró al mayordomo, sin embargo de que montaba un caballo muy bueno. Cuando el mayordomo iba cerca de la laguna, que aun no estaba bien seca, sacó su corvo y cortó el lazo, para no morir ahogado.
El toro cuidaba de una niña que todas las tardes, después de ponerse el sol, salía a la orilla de la misma laguna y se sentaba en una piedra a peinar sus rubios cabellos con un peine de oro. La gente la oía cantar desde lejos, con voz melodiosa, acompañándose con los sones de un arpa que tocaba maravillosamente. Si alguien se acercaba, huía precipitadamente y se zambullía en el agua, para no salir hasta la tarde siguiente.
16. LA CUEVA DE LA NIÑA.
En la playa de Bucalemu hay, en un cerro, una caverna que llaman la Cueva de la Niña, en la cual vive una jovencita encantada, que en la noche sale a peinarse a la playa con un peine de oro, que relumbra a la luz de la luna. Se sienta en una roca, y si alguno, atraído por su hermosura, se le acerca, el mar comienza a subir, hasta ahogar al curioso. Si en el día entran con luz a la cueva, se la apagan de un soplido, que no se sabe de dónde sale.[{239}]
17. LA LAGUNA DE PUDAHUEL.
(Referido en 1911 por el joven estudiante D. Ramón Fernández, de 15 años, de Santiago.)
Hace muchos años, cuando aun no se había tendido la línea del ferrocarril que une a Santiago con Valparaíso, seis carreteros que con sus correspondientes carretas cargadas venían del puerto a la capital, llegaron a la laguna de Pudahuel, un Viernes Santo. Cinco carreteros no quisieron seguir adelante, en consideración a lo sagrado del día; pero el sexto dijo que no le importaba que fuese Viernes Santo y que él no estaba para perder el tiempo. Y dándole con la picana a los bueyes, se metió, con la carreta, en el agua, por la parte más baja de la laguna. En el momento en que iban más o menos por el medio, un Cuero[I] que había en el fondo asió bueyes y carretas y los atrajo hacia sí. El carretero, viendo que los bueyes se hundían, los picaneaba y les gritaba para que salieran afuera; pero inútilmente, porque el Cuero no los soltó; por el contrario, una vez que aseguró sus presas en lo más hondo de la laguna, cogió también al carretero, a quien sus compañeros vieron desaparecer instantes después.
Desde entonces, todos los Viernes Santos se oyen las voces del carretero, que llama a sus bueyes.[{240}]
18. LA LAGUNA DE LAS TRES PASCUALAS.
(Contado por D. Francisco 2.º Vásquez.)
Allá en los tiempos en que los españoles dominaban en Chile, vivía cerca de Concepción, en un hermoso palacio rodeado de huertos y jardines, una bella dama, madre de tres lindísimas hijas que respondían a los nombres de Sol, Esperanza y Alegría, pero entre la gente del pueblo, a causa del nombre de la madre, se las llamaba las tres Pascualas. Murió la madre, y las niñas se entregaron a una vida disipada, viviendo en continua fiesta con los jóvenes de Concepción y otras ciudades, que iban a divertirse al palacio que habitaban. Muchos caballeros se perdieron por culpa de estas niñas. Las faltas que se cometían en aquel palacio fueron tan numerosas y tan grandes, que Dios, cansado de tanto pecado, hizo que un día de gran fiesta, se hundiera el palacio con las tres niñas y todos sus acompañantes, que serían más de cincuenta personas, llenándose de agua el espacio que antes ocupaba aquel lugar de disipación y sus dependencias. Y la extensión de agua que se formó por esta causa, y que todavía existe, es la que se conoce con el nombre de “Laguna de las tres Pascualas”.
Una vez un joven se quedó dormido sobre una gran piedra que hay a la orilla de esta laguna, y cuando despertó vió que tres hermosas niñas ponían una mesita delante de él y le sirvieron toda clase de manjares y vinos exquisitos. Estuvo con ellas el resto del día y toda la noche divirtiéndose alegremente. Al día siguiente, despertó como a las 12 y se encontró desnudo sobre un banco de arena del Bío-Bío.