Entonces el Soldadillo le dijo al hombre:
—¿Por qué no te venís con nosotros?[{7}]
—Si me dan buena paga, me voy con ustedes.
Y Saltín, Saltón, hijo del buen Saltaor, se fué con ellos.
Siguieron andando y andando, y más adelante toparon con un hombre que se llevaba tranqueando de arriba para abajo, a grandes pasos, y que no descansaba ni un momento.
—¿Cómo te llamáis, ho?—le preguntó el Soldadillo; y el otro le contestó:
—Yo me llamo Andín, Andón, hijo del buen Andaor.
—¿Y en qué trabajáis, vos?
—En andar, pus, ñor; ese es mi oficio; porque yo soy lo mesmito que el Judío Errante, que me canso cuando me siento; y aemás soy muy forzúo, y me los pueo echar a toos ustees al hombro y llevarlos aonde ustees me igan; porque han de saber que soy nieto de Carguín, Cargón, hijo del buen Cargaor, y que hei sacao las juerzas de mi agüelo.
—Este hombre nos conviene—le dijo el Príncipe al Soldadillo;—contrátalo a ver si quiere servirme.