—Sí, llevo un pan, buen anciano,—le dijo Comín—y tómelo todo para usted.
—Y tú ¿qué vas a comer, hijito?
—Lo que Dios quiera, taitita; lo que es con un pan no tengo ni para comenzar, y lo mismo me da comerlo que no comerlo.
—Está bien, hijito, ¿y a dónde vas?
—Voy a conquistar la mano de Hermosura del Mundo, hija del Rey de las Tres Puntas del Aromo y a ganar un millón de pesos.
—¿Y lo conseguirás?
—No lo sé, pero a eso voy. Me dicen que el Rey la dará en matrimonio al que de tres golpes de azuela le haga, en tres días, frente al suyo, un castillo tan lindo o mejor que el de él, en el que, además, se vean el Sol y la Luna; y el que se presente y no lo haga, tiene pena de la vida.
—¿Y con qué cuentas para hacerlo?
—Con la ayuda de Dios solamente, porque ni siquiera tengo la azuela.
—Quiero premiar tu buen corazón, Toma esta azuelita—le dijo el viejo pasándole una nuevecita que sacó de debajo del poncho;—con ella, en el primer día darás un solo golpe en el suelo en el lugar que te indiquen, e inmediatamente aparecerán los cimientos; en el segundo día darás también con la azuelita un golpe en los cimientos y aparecerán las murallas; en el tercer día darás otro golpe con la misma azuelita en las murallas, y entonces quedará completamente terminado el castillo, que será más hermoso y estará mejor amueblado que el del Rey. Toma, además, este pitito; haciéndolo sonar cuando te encuentres en apuros, te verás libre de todo mal.[{112}]