Dale otra, Ludovina.

LUDOVINA

Ya van tres por tu cuenta, tres perras.

MIGUELÍN

Cóbrate de ese machacante.

LUDOVINA

¡Viva el rumbo!

Miguelín, la boca rasgada por una mala risa, y la lengua sobre el lunar rizoso del labio, hace beber al enano que, hundido en las pajas del dornajo, se relame torciendo los ojos. Bajo la campana de la chimenea resuena deformado el grito epiléptico.

EL IDIOTA

¡Hou! ¡Hou!