Aquí ninguno vio nada.
La vieja rueda el dornajo, y en el umbral de la puerta, blanco de luna, aparece la Mari-Gaila. Su sombra, llena de ritmos clásicos, se pronuncia sobre la noche de plata.
MARI-GAILA
¡Salud a todos!
LUDOVINA
Oportuna llegas.
MARI-GAILA
¿Qué misterio se pasa?
LA TATULA
Que la muerte no tiene aviso.