MARI-GAILA

¡Titulado de cabra!

Tornan a quedar en silencio. La sombra de una bruja pasa escurrida pegada a la casa, y se detiene a mirar por la puerta. Es Rosa la Tatula, encorvada, sin dientes, escueta la alforja y el palo en la mano. Mari-Gaila se levanta, y en voz baja tiene coloquio con la vieja. Entran las dos. Mari-Gaila canta.

LA TATULA

¿Nada me dices, Pedro Gailo?

PEDRO GAILO

Que vamos viejos, Tatula.

LA TATULA

Tú aún no rompes unas mangas.

MARI-GAILA