PEDRO GAILO
Simoniña, rueda para dentro de la casa ese cuerpo difunto. Hay que lavarle y amortajarle con mi camisa planchada, pues va a comparecer en presencia de Dios.
SIMONIÑA
¿Oye, mi madre?
MARI-GAILA
Oigo, oigo, y me estoy callada.
LA TATULA
No arméis vosotros una nueva parranda. Tres días que os pongáis con el carretón a la puerta de la iglesia, juntáis el entierro y mucho más.
MARI-GAILA
Tres días no los resiste con estas calores.