SIMONIÑA
¡Como no hubiese más caridad que la suya!
Pedro Gailo, con sotana y roquete, asoma en la puerta de la iglesia. Llega el olor de los cirios que humean apagados en los altares. El arco de la puerta deja entrever reflejos de oro en la penumbra.
PEDRO GAILO
¡Puñela! ¡Qué dada eres a picotear!
SIMONIÑA
Me hablan, contesto.
PEDRO GAILO
Todas las mujeres sois de un mismo ser.
SÉPTIMO MIAU