MARI-GAILA

¡Así ceguéis! ¡Cabras! ¡Cabras! ¡Cabras!

Mari-Gaila, seguida de mozos y canes, corre por la ribera, sosteniendo en la cintura la falda desgarrada, que descubre por los jirones la albura de las piernas. Milón de la Arnoya, un gigante rojo que va delante de su carro, le corta el camino, y con ruda alegría brama su relincho. Mari-Gaila se detiene, alzando una piedra.

MILÓN DE LA ARNOYA

¡Jujurujú!

MARI-GAILA

¡Al que se me llegue, lo descalabro!

MILÓN DE LA ARNOYA

¡Suelta la piedra!

MARI-GAILA