¡La levanto para mi defensa!
MILÓN DE LA ARNOYA
¡Suéltala!
MARI-GAILA
¡No te llegues, Milón!
El jayán, con bárbaras risas, adelanta de un salto, y la piedra le bate en el pecho. Mari-Gaila, con los ojos encendidos, rastrea por otra, y el rojo gigante la estrecha en los brazos.
MILÓN DE LA ARNOYA
¡Jujurujú! ¡Ya es mía!
UNA VOZ
¡Milón la tomó!