¡Al carro de Milón!
QUINTÍN PINTADO
¡Que baile en su trono!
CORO DE RELINCHOS
¡Jujurujú!
Rodante y fragante montaña de heno, el carro, con sus bueyes dorados, y al frente el rojo gigante que los conduce, era, sobre la fronda del río, como el carro de un triunfo de faunalias.
JORNADA TERCERA: ESCENA ÚLTIMA
San Clemente. La quintana en silencio húmedo y verde, y la iglesia de románicas piedras dorada por el sol, entre el rezo tardecino de los maizales. La sotana del sacristán ondula bajo el pórtico, y a canto del carretón un corro de mantillas rumorea. Atropellando al sacristán, dos mozuelos irreverentes penetran en la iglesia y suben al campanario. Estalla un loco repique. Pedro Gailo da una espantada y queda con los brazos abiertos, pisándose la sotana.
PEDRO GAILO
¡Qué falta de divino respeto!