¡Anisete escarchado!

Por el camino real vese venir al juez, caballero en un rucio de gayas jalmas y anteojeras con borlones. El alguacil zanquea al flanco, como espolique. Las mujerucas, alzadas sobre las rodillas y soplándose los dedos, avivan la luciérnaga de sus faroles. Comienza un planto solemne.

MARICA DEL REINO

¡Juana, hermana mía, si en el mundo de la verdad topas con mi difunto, dirasle la ley que le guardé! ¡Dirasle que nunca más quise volver a casar, y que no me faltaron las buenas proporciones! Ahora soy una vieja, pero me dejó bien lozana. Dirasle que un habanero de posibles me pretendía, y que jamás le viré cara. ¡Un mozo como un castillo!

MARI-GAILA

¡Cuñada, flor de los caminos, ya estás a la vera de Dios Nuestro Señor! ¡Cuñada, que tantos trabajos pasaste, ya tienes regalo a su mesa! ¡Ya estás en el baile de los ángeles! ¡De hoy más, tu pan es pan con huevos y canela! ¡Ay, cuñada, quién como tú pudiese estar a oír los cuentos divertidos de San Pedro!

JORNADA PRIMERA: ESCENA V

San Clemente. El atrio con la iglesia en el fondo. Pasa entre los ramajes el claro de la luna. Algunos faroles, posados en tierra, abren sus círculos de luz aceitosa en torno al bulto de la difunta, modelado bajo una sábana blanca. Los aldeanos del velorio —capas y mantillas— beben aguardiente al abrigo de la iglesia. El murmullo de las voces, las pisadas, las sombras tienen el sentido irreal y profundo de las consejas.

PEDRO GAILO

Desde el momento primero, yo fui en decir que la difunta finó por haber bebido de alguna fuente ponzoñosa, pues ya van muchas desgracias en ganados y cristianos así aparejadas.