Tiéntame las alforjas, que algo bueno viene en ellas.
MARI-GAILA
¡Ay, tunante! Te das el trato de un Padre Prior.
Mari-Gaila, los brazos desnudos y las trenzas recogidas bajo el pañuelo de flores, enciende unas ramas, y se levantan cantando las lenguas de una hoguera. El humo tiende olores de laurel y sardinas, con el buen recuerdo del vino agrio y la borona aceda. Un viejo venerable, que parecía dormido, se incorpora lentamente. Tiene el pecho cubierto de rosarios y la esclavina del peregrino en los hombros.
EL PEREGRINO
A fe que siento, cristianos, no tener cosa que ofreceros para ser parte.
MARI-GAILA
Pues la alforja rumbo mete.
EL PEREGRINO
No guarda otra cosa que mi penitencia.