MIGUELÍN
¡Miau!
El taimado mozuelo, recostado en el tronco de un árbol, abre el paraguas por juzgar del arte con que puso el remiendo, y silba un nuevo aire. Mari-Gaila, procurando tomarle al oído, escucha con una sonrisa quieta y los ojos entornados.
MARI-GAILA
¡Linda tocata! Parece habanera.
EL VENDEDOR DE AGUA DE LIMÓN
El Compadre Miau vino con ella del fin del mundo.
MARI-GAILA
Será de reír la primera vez que nos encontremos. No le conozco, y llevo tres noches que sueño con él y con su perro.
MIGUELÍN