MARI-GAILA

Nos juntamos luego.

EL COMPADRE MIAU

¿Quiere usted esperarme en el mesón?

MARI-GAILA

Con este amigo le aguardo, si no se tarda.

Mari-Gaila bate en la espalda del viejo ladino, y penetra en el mesón, tirando del dornajo. Antes de desaparecer en la oscuridad del zaguán, se vuelve, y con un guiño dice abur a los que se quedan.

EL COMPADRE MIAU

El garbo de esa mujer no es propio de estos pagos. ¡Y el pico!

EL VENDEDOR DE AGUA DE LIMÓN