EL ABAD

¡Gracias! ¡Mil gracias!

L Abad sale seguido de sus galgos como de dos acólitos, y en el corredor, ya oscuro, se desvanecen el balandrán y el cloqueo campesino de sus zuecos. Un reloj de cuco da las seis.

EL MARQUES DE BRADOMIN

Ese reloj, sin duda, acuerda el tiempo del fundador.

LA DAMA

¡Qué temprano anochece! Las seis todavía.

L Marqués de Bradomín se acerca á la sombra romántica que se destaca sobre el fondo luminoso de una vidriera, y en silencio le besa una mano. Se oye un tenue suspirar.