N el fondo del jardín la fuente canta como un pájaro escondido y le cuenta á la luna su prisión en el laberinto. Una sombra cruza por delante de los cristales y la voz poderosa del hidalgo de Lantañón se eleva sobre el rumor de la fuente, despertando los ecos del jardín.
DON JUAN MANUEL
¡Sobrina! ¡Sobrina!
LA DAMA
¡Ahí está!.. Verás cómo viene á invitarnos para la fiesta, que es mañana.
ALE presurosa por una puerta de vieja tracería. Sobre el dintel, prisioneros en su jaula de cañas, silban una vieja riveirana los mirlos que cuida Florisel. En el silencio del anochecer aquel ritmo, alegre y campesino, evoca el recuerdo de las felices danzas célticas á la sombra de los robles.
EL MARQUES DE BRADOMIN
¿Por qué es malo tomar la luna, Florisel?