EL MARQUES DE BRADOMIN

Sí.

RAS los cristales del mirador, el jardín aparece lleno de sombra, y en el cielo, triste y otoñal, se perfila la luna como borrosa moneda de plata. Al pie de la fuente, un criado espera con los caballos del diestro. Se ve la figura de Don Juan Manuel que baja por un tortuoso camino de mirtos. El Marqués de Bradomín se desprende blandamente de la dama y sale. La dama, apoyada en el arco de la puerta, le despide agitando su mano blanca. Después, cuando la sombra se desvanece en la noche del jardín, sale á la escalinata para seguir viéndola un momento más. En la otra puerta, aquella que comunica con el palacio, aparece el Abad de Brandeso.

EL ABAD

¿Da su permiso mi ilustre amiga doña María de la Concepción? ¿Da su permiso mi ilustre..?

LA DAMA

Adelante, señor Abad. ¿Por qué se detiene en la puerta? ¿Ha encontrado usted el libro que buscaba?