Isabel, eres injusta conmigo, mi presencia aquí es tan sólo una prueba de mi amor por Concha. Con la cabeza llena de canas no puede serse Don Juan. Hoy sólo me está bien con las mujeres la actitud amable de un santo prelado confesor de princesas y teólogo de amor. La pobre Concha es la única que me quiere todavía: ¡Sólo su amor me queda en el mundo! Lleno de desengaños, estaba en Roma pensando en hacerme fraile, cuando recibí una carta suya: Era una carta llena de afán y de tristeza, perfumada de violetas, y de un antiguo amor. Sin concluir de leerla, la besé: Concha, al cabo de tantos años, me escribía, me llamaba á su lado con súplicas dolorosas y ardientes. Los tres pliegos traían la huella de sus lágrimas: Me hablaba de la tristeza de su vida en el retiro de este viejo palacio, y me llamaba suspirando. Aquellas manos pálidas, olorosas, ideales, sus manos, que yo amé siempre tanto, volvían á escribirme como otras veces. Sentí que los ojos se me llenaban de lágrimas. Yo siempre había esperado en la resurrección de nuestros amores, era una esperanza que llenaba mi vida con un aroma de fe. ¡Era la quimera del porvenir!

ISABEL BENDAÑA

¿Y si Concha te suplicase ahora?..

EL MARQUES DE BRADOMIN

¿Que me fuese? Sería entristecer dos vidas. Concha tampoco tiene otro amor que yo.

ISABEL BENDAÑA

¿Y sus hijas?

EL MARQUES DE BRADOMIN

¡Pobres niñas!

ISABEL BENDAÑA