Cautivo de su Libertad, Valle-Inclán, es como todos los grandes escritores, un Soberano de la Impopularidad;
el vulgo iletrado lo ignora, el vulgo letrado, quisiera ignorarlo;
el gusto profano y profanador de la burguesía intelectual, no ama, no puede amar, la noble Metafísica y la elegante estética, de este Novalis peninsular, tan lleno de misterioso encanto;
la prueba de la Soledad, esa prueba que consagra al Genio, la ha sufrido Valle-Inclán, en España, y, ha de sufrirla en América, por parte de aquellos atrofiados, sin otro prestigio que el de su propia incapacidad;
pero, hallará allí, un grupo mayor de almas, mejor preparadas para percibir y recibir esa irradiación de Belleza que surge de las obras singulares, las obras inquietantes, que escapan á la comprensión de los mediocres;
la juventud intelectual de América, ya tan exquisitamente cultivada, esa juventud innovadora, que ha hecho del Arte, una como Teología de la Belleza, esa, acogerá á Valle-Inclán, aclamará á Valle-Inclán, seguirá á Valle-Inclán, como á un Maestro, como al más alto y puro Maestro, que el Renacimiento de la España literaria, puede ofrecer á la inquietud ávida de sus almas, enamoradas de un severo Ideal.
Vargas VILA.
París, 1907.