libros de Iniciación; libros de Vida espiritual, donde el miraje se cristaliza, y la Visión, se hace cíclica;
imperiosa y singular, compleja y luminosa la Obra de Valle-Inclán, es como su alma: una de las más raras y más grandes, que hayan aparecido en la agonía lamentable del siglo último y brillado en el alba incierta de este nuevo siglo, lleno de misteriosas renovaciones;
y, es, por su rareza, que me atrae;
por su rareza, y por su profundidad;
ondulante, cambiante, borrascoso; pesado de Misterio; un lago en la montaña; negro bajo las estrellas;...
esa alma medio-eval, mezcla de Vinci y de Savonarola, llena de germinaciones de Arte, y, de Obsesiones de Muerte;
ese escritor con alma de conquistador; tan apto para manejar la pluma de Dante, como para ceñirse la espada del Cid; monje letrado y turbulento, muy superior á Tolstoy, del cual no tiene la mentirosa simplicidad, y, muy semejante á Josephin Peládan, del cual no tiene, la desesperante comicidad;
ese soñador brumoso y audaz, lleno de prestigios interiores, rico en la maravilla de sus creaciones superiores, ha de atraer sobre sí, en hora no muy remota, la entusiasta é imperativa admiración, del mundo latino-intelectual, de las almas de êlite, enamoradas de la pura Belleza Espiritual, y del encanto infinitamente subtil de las ideas;
actuando en un campo absolutamente rebelde al Arte, Nuevo, Valle-Inclán, no triunfará en España, pero, está llamado á triunfar en América, y, á regir el imperio de la bella prosa hispana, más allá del mar;