LA MADRE CRUCES
Bárbara la Prisca casó con un sobrino de mi difunto. ¡Es una santa de Dios!
LA DAMA
La conozco, Madre Cruces.
EGUIDA de la vieja conqueridora la Señora del palacio se aleja lentamente, y á los pocos pasos, suspirando con fatiga, se sienta á la sombra de los rosales, en un banco de piedra cubierto de hojas secas. En frente se abre la puerta del laberinto misterioso y verde. Sobre la clave del arco se alzan dos quimeras manchadas de musgo y un sendero sombrío, un solo sendero, ondula entre los mirtos. Muy lejano, se oye el canto de los mirlos guiados por la flauta que tañe Florisel.
LA MADRE CRUCES
Y tornando al cuento pasado. ¿Dice que sabe la nueva?
LA DAMA