EL MARQUES DE BRADOMIN
No hemos podido ser como los tritones de la fuente, que en el fondo del laberinto aún ríen, con su risa de cristal, sin alma y sin edad.
LA DAMA
Te escribí que vinieses, porque entre nosotros ya no puede haber más que un cariño ideal... Y enferma como estoy, deseaba verte antes de morir. Y ahora me parece una felicidad estar enferma. ¿No lo crees? Es que tú no sabes cómo yo te quiero.
XHALA las últimas palabras como si fuesen suspiros, y con una mano se cubre los ojos. El Marqués de Bradomín besa aquella mano sobre el rostro, y después la aparta dulcemente. Los ojos, los hermosos ojos de enferma, llenos de amor, le miran sin hablar, con una larga mirada. Por la vieja avenida de mirtos que parece flotar en el rosado vapor del ocaso se ve venir al señor Abad de Brandeso.
EL ABAD
¡Vamos, Carabel! ¡Vamos, Capitán!
LA DAMA
Aquí tenemos al Abad de Brandeso.