¡Qué triste pasado! Fué allá, en el fondo del laberinto, donde nos dijimos adiós.
EL MARQUES DE BRADOMIN
Y, como ahora, los tritones de la fuente borboteaban su risa, aunque entonces tal vez nos haya parecido que lloraban.
LA DAMA
Todo el jardín estaba cubierto de hojas y el viento las arrastraba delante de nosotros con un largo susurro. Las últimas rosas de otoño empezaban á marchitarse y esparcían ese aroma indeciso que tiene la melancolía de los recuerdos. Nos sentamos en un banco de piedra. Ante nosotros se abría la puerta del laberinto, y un sendero, un solo sendero, ondulaba entre los mirtos como el camino de una vida solitaria y triste. ¡Mi vida desde entonces!
EL MARQUES DE BRADOMIN
¡Nuestra vida!
LA DAMA
Y todo permanece lo mismo y sólo nosotros hemos cambiado.