En Grecia quizá fuese la vida más serena que la vida nuestra...
RUBÉN
¡Solamente aquellos hombres han sabido divinizarla!
EL MARQUÉS
Nosotros divinizamos la muerte. No es más que un instante la vida, la única verdad es la muerte... Y de las muertes, yo prefiero la muerte cristiana.
RUBÉN
¡Admirable filosofía de hidalgo español! ¡Admirable! ¡Marqués, no hablemos más de Ella!
Callan y caminan en silencio. Los sepultureros, acabada de apisonar la tierra, uno tras otro beben a chorro de un mismo botijo. Sobre el muro de lápidas blancas, las dos figuras acentúan su contorno negro. Rubén Darío y el Marqués de Bradomín se detienen ante la mancha oscura de la tierra removida.
RUBÉN
¿Marqués, cómo ha llegado usted a ser amigo de Máximo Estrella?