EL CABALLERO

Vuelve a darle con el zueco.

LA ROJA

Ni que le de en la croca.

EL CABALLERO

Pues le arrimas el candil a las pajas del jergon.

LA ROJA

iAve Maria!

Sale la vieja andando a tientas. Canta un gallo, y el hidalgo, hundido en su sillon de la antesala, espera con la mano sobre los ojos. De pronto se estremece. Ha creido oir un grito, uno de esos gritos de la noche, inarticulados y por demas medrosos. En actitud de incorporarse, escucha. El viento se retuerce en el hueco de las ventanas, la lluvia azota los cristales, las puertas cerradas tiemblan en sus goznes. iToc-toc!… iToc-toc!… Aquellas puertas de vieja traceria y floreado cerrojo, sienten en la oscuridad manos invisibles que las empujan. iToc-toc!… iToc-toc!… De pronto pasa una rafaga de silencio y la casa es como un sepulcro. Despues, pisadas y rosmar de voces en el corredor: Llegan rifando la vieja criada y Don Galan.

LA ROJA